No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



jueves, 24 de febrero de 2011

El universo

"Para ver una cosa hay que comprenderla.
[...] Si viéramos realmente el universo, tal vez lo comprenderíamos."
Jorge Luis Borges
De infante, iba a una escuela de hermanos maristas. Por lo general, el director solía ser un hermano de la congregación, con sotana negra y todo. Todo lo extraño que presenta esa mezcla de un tipo que ama a Dios y no tiene sexo. Los había muy variados, desde el hermano panzón que regalaba caramelos a los niños del jardín, hasta el hermano con cara de malo, que te hacia exhalar miedo.
En cambio el vicedirector era un maestro común y corriente. En un punto era como una especie de Fidel Castro. Hacia años que era vicedirector, y parecía que su reinado o vicereinado, se extendería por años. Pasaban los directores y él seguía ahí, firme, como un político que se cambia la camiseta para estar siempre en un cargo.
Se llamaba Andrés, y era un tipo simpático. Nunca entendí bien su función, era algo así, como un vicepresidente. Solía recorrer las aulas y entrar para decir algo. En algún punto, todos estábamos esperando que pase y nos regale algún cuento o chiste. Atraía la atención de toda el aula.
Esporádicamente hacia suplencias. En una de ellas, creo recordar haya lejos por mi cuarto o quinto grado, nos dijo, tal vez ante alguna pregunta de algún compañero o por simple iniciativa de él, que el universo no tenia limites. Si uno llegara al fin del universo, y estiraría la mano, el final del universo, pasaría a ser la mano. Y más haya de esa mano, hay nada. La nada misma. Yo acepte esas palabras, como quien acepta que 2+2 es 4, sin pensar más que eso.
En estos momentos, esas palabras me resuenan y soy capaz de dar un significado distinto.
El universo termina donde puedo ver, hasta donde llego, el resto es nada. Mi universo es mi casa en Morón, con el patio lleno de verde y mi pieza donde me calzo la guitarra y canto, se extiende hasta Palermo, donde camino borracho o voy a teatro, pasa por Villa Crespo donde visito a mi hermana y siento los eructitos de mi sobrino, por Pacheco donde convivo con el mundo laboral, la cancha de la Arqui, el plaza Oeste, el lugarcito al lado del puesto de diarios sobre Vergara donde me bese con Laura, el bar de Maru en San Telmo, la casa de guille, es el camino hasta Ramos donde me reúno con mis amigos, la casa de Seba, la fábrica de mi viejo donde supe hacer, pega un salto hasta Ushuaia donde fui feliz, y Madrid, donde deambule sin rumbo en algún año nuevo mirando un mapa. Y los bares de Santiago de Compostela donde anduve de tapas, la calle del hostel de Paris, y la rambla de Barcelona, con sus putas y sus moros. La playa de Gualeguaychu, y la avenida 45 de Santa Teresita. La fiesta de la cerveza en Villa General Belgrano, y Córdoba capital, y Rosario. Y Mercedes, y Lujan, donde cante con la Sole. Es el Mocambo donde me despedí de Viejo Roble y Antiguas Lunas, sobre Quesada casi Libertador. Es Mitos Argentinos, donde me gane aplausos.
Ahí esta mi universo, el resto es nada, cuando llegue y ponga un pie, será mío, como el resto de los lugares donde anduve, sólo, acompañado, sobrio o borracho: hasta aquí el universo, el mío, tal como lo comprendo, inmenso y lleno de oportunidades.
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