No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



lunes, 12 de marzo de 2012

Hormigas.


Hay que hacerse cargo de las hormigas. ¡Qué la gente piense lo que quiera! Me duele un tanto el índice, como para andar señalando, pero, a veces, creo que soy el único que las ayuda, a mover su cuerpo desbalanceado. ¿No habrá llegado a este punto de su vida, y descubrirse pensando que las hormigas van solas, y nadie las ayuda, ni las anima a mover su cuerpo curvoso? ¡Acaso no ha meditado sobre el mundo y sus cosas! Las cosas del mundo. Y el mundo de las cosas que hay sobre ellas.
¿No se ha tomado tiempo, entonces, para prestarles atención?
A mirarlas y pensar:
¡Vamos hormiga!
Anda, de tu casa a la planta,
que tu cuerpo no te impida,
Esquivar piedras y patas.
¡Vamos hormiga!
Mantente alerta,
Porque llegará el día,
En el que podrás quedarte en tu hormiguero
Y gritemos: ¡Evolución! ¡Evolución!
No todo será trabajo y muerte.
Gritaremos: ¡Evolución! ¡Evolución!
Y habremos evolucionado tanto,
Que solo habrá hormigas bellas.
Evolucionadas y bellas.
Porque si lo pensamos fuerte (con las manos agarradas a la sien), nadie las ayuda, ahí van, con su cuerpo culón. Confiando en que la propia evolución, y el tiempo las va a salvar, y poner en su lugar.
Nadie sabe, de que esta rellena una hormiga, y por eso, las aplastamos contra piso, para ver que sale, para sentir ese crujir hormigoso, en la suela, y que ella nos diga, a que se escucha una hormiga aplastada. Y ahogar esa necesidad de pasar la lengua por el piso, y sentir que gusto tiene una hormiga aplastada.
¡Me tratan como a un loco por hacer esto! Se piensan que este mundo gira y que gira y que nada tienen que ver las hormigas. Me tratan como a un loco, porque se piensan que estoy haciendo idioteces, perdiendo el tiempo y ¡no! ¡qué no! Estoy defendiendo a las hormigas. Yo me hago cargo de la parte del mundo que me tocó o elegí. Yo defiendo a las hormigas tanto como usted defiende a la porción de torta que esconde en el refrigerador, atrás de las plantas de lechuga y los tomates. Pensando que si usted la escondió le pertenece y usted tiene derecho de propiedad, más derechos que quien la encuentre, aún a costa de haber sido tan tonto para decidir un escondite vulgar. Sepa que la mayoría de la gente busca entre la lechuga y los tomates, para ver si encuentra algo. No me sorprende, no me sorprende, usted no ha de ser como yo, que aún con mis dolores, con mis uñas de la mano derecha larga, me tomo mis minutos, y todas las tardes, entre las cinco y las seis, me tomo diez minutos, y corro en dirección hacia el este, para que ese impulso, y ayude a la tierra a girar. Y si usted me mirase desde un punto fijo en el  espacio, me vería correr aún más rápido que la Tierra. ¿Qué hace usted por este planeta? Usted debe andar por ahí, pisando hormigas o ignorándolas o dejando a las tortugas boca arriba. Porque la maldad, la que carece de todo sentido, es la peor de la acciones que un hombre puede cometer.
 No sea mala gente, piense en las hormigas, como si fuesen nuestras hermanas, o amigas. No vaya a ser cosa que un día de estos, nos despertemos, con la angustia negra, o roja, en el cuerpo, y nos veamos al espejo, y no seamos más que hormigas.
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