No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



martes, 20 de marzo de 2012

Movete colo.

-Movete Colo.
Le habría dicho, si hubiese tuviese un poco más de suerte. Pero no, y sabrán entender, esta historia controvertida que cuento. Yo debería estar escribiendo en estos momentos de un movete colo, como preludio de un vaivén erótico, y no del vaivén de si-no-después del cual me siento resignado a describir. De arder en preguntas, de vivir.
Pienso que se lo hubiese dicho, se lo hubiese llegado a decir, si la suerte no hubiese sido tan cobarde y si el azar no fuese inasible. Me cagó en Descartes y su principio de razón suficiente. Si no puedo explicar algo, es suficiente como para involucrar al azar, o la cola del diablo. Porque esta trama maltrecha, de mirar, mirar, mirarla, de escribir, escribir, escribirla, de hablar, hablar, hablarle, de desear, desear, desearla, era un camino justo que no debía desbocar más que un beso tierno de carnes de labios que se deforman. ¿Y qué dice Descartes a todo esto?
Aunque si fuese menos ciego, o menos necio, o menos insistente, o más persuasivo, o más psicópata, o más realista, no tendría ninguna necesidad de escribir en este matiz. Si fuese más hábil, o menos soñador, o si mintiese mejor, estas líneas, serían diferentes.
Y me acuerdo, porque no es la primera vez. Cuando tenía 5 años, me llevaron a ver a Carlitos Bala al teatro de Morón. En un momento nos acercamos con mi hermana al escenario y ella me expuso como carne de carnada para subir y participar de un concurso de baile.
Mi Dios, todavía me acuerdo de la angustia de estar en ese cuartito, asustadísimo, lejos de mi lugar de comodidad, esperando para subir.
Finalmente me tocó bailar con una nena pelirroja, llena de pecas, y con dos trenzas, casi salida de una propaganda de ropa, o de golosinas.
Por alguna razón, le había caído simpático a Balá, supongo que debió ser por mi respuesta de “me lo olvidé en el baño” ante la pregunta de “¿estado civil?”, y eso fue comenzar con el pie derecho.
Me moví como un loco, un desquiciado, sin el menor atino de cómo seguir el ritmo pero empujándolo, saltando, revoleando la cabeza, llevando al riesgo de dislocación a mis hombros.
Por supuesto, gané, por robo. No recuerdo haber sido aplaudido con tanto merecimiento.
Pero todavía recuerdo como, mientras todos se reían mucho y yo me movía como electrocutado, la nena pelirroja se movía tenuemente, ondeando los bracitos de izquierdas a derechas, ida y vuelta, alternando la mirada entre el techo y el piso, con los ojitos casi en apagados.
Aquella nena pelirroja, se había ganado que le diga: “Movete colo”. Pero no lo hice. Tal vez, por educación, tal vez por distraído, tal vez, por timidez, o por la misma razón que casi siempre: por idiota. Por creer que una parte del mundo debe ponerse en acomodarse por impulso propio, aunque deba plantear el escenario correcto. Y se subió al podio, por estar en el lugar y la persona apropiada, porque a veces se gana por el compañero que uno elige, no por uno mismo.
Y pienso, que en algún punto, me he ganado el derecho del “Movete colo” como preludio erótico. Me lo he ganado. Pasa que el amor le escapa a los derechos y obligaciones. Y los contratos unilaterales, son difíciles de negociar.
Aquella nena pelirroja, no sonrió nunca. ¡Nunca! ¿Qué podía esperar 26 años después? Solo sentarme a escribir, y cagarme en Nietzsche y en la mierda del eterno retorno.
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