No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



martes, 19 de marzo de 2013

La curita. (Hojas sueltas del diario de una galeanista).


Es como si te hicieran un regalo obsceno, como cuando alguien utiliza el doble sentido para decirte algo y te somete a tener que traducir, pasar de palabras a hechos visibles en tu mente lo que te están queriendo decir, a decantar palabra por palabra y vislumbrar que, en el fondo, lo que se dice por arriba, no es lo mismo que lo que se dice por abajo. 
Amar es un acto obsceno, una actividad insana, una acción con doble sentido. Podemos ponernos naif, o cursis, y decir que nos-amamos, y deglutirnos en una mar de café con leche endulzado y empalagarnos mientras nos damos la mano y nos dejamos hundir. No te advierten del dolor de tripas que te acompañan. Cuando amás, te brilla el corazón, pero también se te oscurecen las uñas de rascar el barro, se te curva la espalda de empujar los bolas y grilletes.
Dios, a veces cuando quiero escribir: amamos, escribo amamamos, como si pudiese inventar una palabra. Mi psicóloga me llenaría de preguntas acerca de mis padres. En realidad, lo que quiere que haga es simple. Que me ate una cuerda, y esa cuerda la ate a un árbol y luego me tire al río y nade. Nade, de nadar, de hacer nada. Me tire a bucear un rato mientras busco con el otro extremo de la cuerda en el puño.
Yo soy tan sospechosamente distraída. Me distraigo con los colores, con los fantasmas, con las libélulas, y el problema es que enredo todo con esa soguita de morondanga que me dieron. ¡Yo no quiero, yo no quiero!
A veces, debería ser un poquito más fuerte, o menos influenciable, dejar que el mundo se parezca un poco más a lo que yo quiero que sea que a lo que quieren otros, eso es fortaleza.
Ustedes me escuchan decir: me duele la herida, me hacen poner alcohol, me obligan a desinfectarla con una pasión pornográfica. En el fondo sé que lo disfrutan, lo veo en sus ojos de pecado suelto, sin dueño. Me hacen poner una bandita, una curita mientras les digo: Me duele, me sigue doliendo y va a seguir doliéndome. Y recién ahí me piden: quítese la curita, quítesela si le duele, y luego quítese la cascarita, quítesela. Si el dolor se pasará solo con quitar...a lo mejor, sería bueno que me doliesen las medias, entonces. 
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