No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



martes, 24 de diciembre de 2013

Inventario.

Exilio
a Raúl Gustavo Aguirre
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas
aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.
A.Pizarnik. 

Un espacio sin objetos, un espacio que intuye oscuridad, negrura. Un limbo, un lugar que no es el cielo, que no es el infierno, que no es la Tierra, donde no hay leyes claras, donde lo que sucede; sucede porque es instantáneo, sin más explicaciones.
Tres mujeres que no son tres, sino que son una más dos, se miran, se debaten entre sí, se balancean, intentan una coreografía muda. Una mujer que es la suma de otras dos que se disponen, que luchan en un espacio absurdo para decidir quién es quién y cómo se debe ser.
Hay un equilibrio, un orden, hasta que la mujer 1 decide romperlo.  

Mujer 1: A veces me da por llorar, y lloro, mucho, demasiado. Como una boba, sin saber por qué. Tengo miedo de morirme, con el alma vieja y el cuerpo joven. O al revés. No sé. Me da tanta tristeza, que me caigo. (Se cae).
Mujer 2: (Se acerca). Una mujer es, entonces: un trapo de piso. Algo que limpia, que se la pasa por es suelo.
Mujer 3: (Rompiendo el cuadro se acerca a la mujer 1): Que usted se enamorase, no impidió que el mundo siguiese girando. No impidió ninguna guerra, al contrario. Aún hay muertes, hambre, soledades, angustias. Incluso, algunas causadas por algo parecido a lo que siente. Amor que no detiene al mundo. En cambio, el mundo, sí, el mundo, a veces detiene al amor. En algún lugar, lleno de incomodidades, de cosas absurdas, pero también, en un lugar naif, cursi; hermoso.
Mujer 2: Cursi…para mí es una localidad de Italia. Debe quedar como en el taco de la bota.
Mujer 3: ¡Bota de mujer! De pierna de mujer. Cursi, ¡Ha de ser un lugar hermoso! Un lugar donde el amor se regala, ¡se da! En estos sitios, en estas ciudades esclavas de cemento y petróleo, el amor, en lugar de darse, se exige.
Mujer 1: Hermoso era Felipe. (Intenta incorporarse).
Mujer 2: (A mujer 3, con decisión): Hay en el mundo, un grupo obstinado de comedores de perdices. ¡Los perseguiremos! Los odiamos. La felicidad, un día, va a mostrarse como lo que realmente es: “la nada”.
Mujer 3: ¿Perdices? Deben ser como una semillitas pequeñas. Claro, con lo carnívora que somos; olvídate. Me encanta la carne, ¡placer divino! ¡Placer, casi caníbal! Despertarme en el ombligo de un hombre, con la pulsión por ella, por la presa de todas las presas. Llenarme lentamente la boca de sangre.
Mujer 1: ¿Pulsión? Acto pasivo. Hay que habitar otros lugares: mirar, tocar, mostrar. El aprendizaje consiste en aquellos actos, los elementos activos.
Mujer 2: Enfocar la energía sexual hacia el autodescubrimiento, ¿no sé si usted me entiende? El conocimiento de la realidad.
Mujer 3: Claro, realidad: el asesino de gatos. La curiosidad sexual es netamente humana, condición femenina.
Mujer 1: Pero la curiosidad mató al gato.
Mujer 2: Pero al menos el gato murió sabiendo.
Mujer 1 se deja caer, se deja vencer por las palabras. La mujer 2 intenta pisarla, no dejarla levantar.
Mujer 2: Parece que hoy también vas a tomar vino con llanto.
Mujer 1: Lo prefiero…con soda…
Mujer 3: Un susto y un hielo. Pobre, dejala, ¿sabés que a veces se compra flores e  imagina que se las mandaron? La he visto, la he oído, llama por teléfono a las florerías y pone otra voz, finge la voz de hombre, ronca y tose como un fumador de cigarros negros y pide que le envíen una docena de rosas.
Mujer 2: ¡Pobre idiota! Es débil, la convencen con una imitación de rosa.
Mujer 3: La he visto jugar con margaritas, las trata con tan poco cariño que las desarma. ¡Ay, de ella! Las flores se desarman si las tratás sin cuidado.
Mujer 2: Te tenés que querer un poco vos, no alcanza con que te queramos nosotras. (Finalmente la deja escaparse).
La mujer 2 le trae una silla, y la invita a sentarse.
Mujer 1: A veces siento que está silla no me pertenece. Pienso: “Mi culo no es digno de este asiento”.
Mujer 3: La dignidad es un asunto de dos o más cosas, pero pierda cuidado, no la someteremos al juicio de tratar de comprender si su culo merece un asiento más digno, o si es el asiento, quién merece un mejor culo.
Mujer 2: No hay con qué darle (a la mujer 2), entre los ciegos el tuerto es rey, pero también es poseedor de una virtud inútil. ¿Para qué se quiere un ojo, si no puede encontrar la forma de compartir lo visto? Deslumbrarse con lo que se puede observar del mundo, todo para descubrirse tan solo.
Mujer 1: ¡Con palabras! ¡Idiota!
Mujer 2: Las palabras se las lleva el viento, y es el viento mismo, caprichoso y fuerte, quien se encarga de darle orden y sentido. (La mujer 3 acota: ya se lo hemos dicho anteriormente). Lo importante son los actos.
Mujer 3: Y lo escrito, porque lo escrito permanece.
Mujer 2: La virtud no habita la posesión. La palabra es un soga que nos enreda; acéptelo.
La mujer 2 toma una soga y con ayuda de la mujer 3 comienza a pasarla entre la mujer 1 que permanece sentada, tratando de seguir el ritmo de las palabras.
Mujer 1: Pero, es que somos una coraza…un envase…particularmente bello si se tiene la fortuna…pero lo importante…
Mujer 2: (Interrumpiendo). Ni lo intente. Por dentro son horribles, todos y cada uno de ellos, lleno de órganos babosos, desagradables al tacto y a la vista, plagado de colores rojizos, azulados blancos (con asco). Aunque funcionales. Por eso es que la mente, y todo aquello sobre lo que quiere hacernos debatir; sigue los lineamientos de lo que ve.
Mujer 3: El cuerpo humano es una máquina fascinante.
Mujer 1: Pero es que es un pasaporte, es el negro y el blanco juntos, pero separados. Lo amo, y lo odio, que es lo mismo, pero aún con más intensidad.
Mujer 2: No entiendo.
Mujer 1: Hablo de un amor perro: Baboso, peludo, con el hocico negro y húmedo. Amor que muerde las tapas de las biromes y mis zapatitos de mujer. Amor que despedaza las tapas de los diarios que quisimos leer para comprender la realidad. Porque hablo de un amor sin realidad, amor de locos, un amor que se viste con camisas de fuerzas y se aprieta las tiras. Un amor loco, y por loco, libre.
Mujer 3: (Un tanto conmovida). Locura y libertad que creemos sinónimos.
Mujer 2: ¡Basta! ¿Hablás de algo sucio? ¿Algo pornográfico? ¿Con muchas poses, con consoladores, con cuero, látigos, aceites?
Mujer 1: No, amor que es limpio, sea como sea, por naturaleza. Porque ella es limpia. Un árbol veteado de tierra, telarañas y rastros de alas de mariposas es natural, no es sucio. En cambio, un auto dominado de cenizas y polvillo, eso sí; es suciedad.
Mujer 2: No hay caso, Dios nos da todo pero siempre falla en algo, mirala, le hace falta más teta.
Mujer 3: ¿Cantidad?
Mujer 2: No, volumen. Debería operarse.
Mujer 1: Me gustaría tener un poco más. Pero me da miedo. No, perdón, no es miedo, quiero que sea algo natural. No quiero levantarme un día y ser tetona, rebalsar el corpiño de golpe. ¿No habrá alguna posibilidad de que vayan creciendo de a poco? Estaba pensando, ¿si se lo pido al gauchito Gil?
Mujer 2: ¡Pedir! Mujer, un inventario de pedidos sordos… 
Mujer 1: Una mujer, alma que no decide, entre tragedia y comedia. Soy comedia, también cuando lloró, cuando la risa besa las amapolas que amé, los labios que rocé. La tragedia que construí como una tonta, cuando me desboqué las trenzas como una nena enamorada sin prever lo que vendría luego, ni comprender lo que realmente estaba sucediendo. El miedo que paraliza los músculos ante una caja inédita, rellena de fantasmas del pasado. ¿Quién te ha puesto dentro, alma mía? ¿Quién ha intentado no perecer entre las flores del entierro y el sulfuro, y el azufre?
Publicar un comentario