No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



martes, 30 de agosto de 2011

(...)
Felipe Celsio, su jefe, movía las manos, como quien da vueltas a una gran manija. En cada palabra que soltaba, parecía que, poco a poco, se llenaba de aire un globo.
Goyeneche, se puso serio. No habló, no se le escapó ni una palabrita, ni una sílaba, ni una letra. Se quedo quieto, mirando un punto fijo, como una bailarina de ballet.
El goyo había aprendido de las mujeres, a esas mismas a las que había cortejado, a las que había abandonado, las que le habían entristecido el alma con indiferencia, que el silencio también es respuesta. Que no siempre hay que hablar, porque cuando las palabras no pueden ser más dignas que el silencio, más vale callarse.
Que la duda que genera el silencio, incluso en las respuestas tácitas, a veces es el peor castigo para quien necesita una respuesta.
El silencio, puede ser eso, un castigo. Y mientras tanto un globo enorme le iba tapando la cara...
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