No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



miércoles, 17 de agosto de 2011

El mundo no andará sólo, andará con nosotros.

Recuerda compañero, recuerda camarada. En la historia de este mundo, siempre ha habido gente solidaria y gente miserable, infame.
En las escuelas primarias, siempre habrá, por lo menos, un pibe dispuesto a prestar un lápiz, tal vez con una etiqueta con su nombre. En cambio habrá otros que se escudarán en un pretexto absurdo, desde que la madre no les permite prestarlos hasta que no quiere que se le gaste.
Seguramente siglos atrás, el artesano le pedía prestado una vasija a su vecino, y hoy en día, un vecino le pide a otro, la máquina de cortar pasto.
Las amigas se piden la ropa prestada, los hermanos se prestan los juguetes, y los amigos se prestan plata para la cerveza.
Pero si ponemos atención:
Cuándo le prestamos la máquina de cortar pasto al vecino, ¿Qué nos devuelve? Una máquina de cortar pasto.
Cuando le pedimos prestado una lapicera al compañero, ¿qué le devolvemos? Una lapicera
Cuando tu hermano te pide 200 pesos prestados, ¿qué te devuelve? 200 pesos.
Ahora bien, cuando le pedimos al banco 1000 pesos, ¿qué le devolvemos? 1000 pesos, más una suma en concepto de intereses: 200, 300, lo que sea.
Y aquí la mayor desgracia del mundo. Vivimos manejados por un comando de usureros, que están dispuestos a prestarnos, siempre y cuando le devolvamos más.
¿Y sin embargo? Ellos tienen tu sueldo, en una cuenta, y la de tu vecino a quien le prestaste la máquina de cortar pasto, y la de la mayoría de la gente. ¿Y qué hacen? La mueven, la pasan de una bolsa a otra, y generan más dinero. Jugando, apostando, sin mover un dedo ni una neurona. Dejando pasar, dejando andar. Nadie en este mundo se ha vuelto millonario sin ocultar una infamia. La embolsan, la dividen, se la dan a uno, se la dan a otro, se la dan al gobierno, se las dan a las corporaciones.
¡Compañero! ¡Camarada! Las empresas no producen bienes, las empresas producen dinero, financiándose de sus proveedores y clientes, mordiéndole un día en la fecha de pago, apostando al descubierto del banco. Las empresas compran y venden tiempo.
¡Compañero! ¡Camarada! Los países se compran y se venden contigo dentro. Inevitable. Tu trabajo no tiene valor, tu esfuerzo tiene precio. Tu precio, está metido en una bolsa de dinero imaginario que gira de Europa a China, se hace bono o acción, o un precio futuro del oro. Tu trabajo se transforma en un crédito hipotecario. Te muestran siete pero te dan cinco para que devuelvas seis.
Compañero, este mundo nos quiere comer hasta los bichitos del bolsillos, en este mundo se esta apostando tu cabeza mientras estás mirando el televisor. En este mundo se permite cualquier juego con el dinero, cuando el único juego de dinero que debería permitido es la quiniela, ¿sabes por qué? Porque es el único juego en el cual uno apuesta a algo que soñó…
¡Compañero!, ¡camarada! 
Estamos solos, cantándole a la luna,
esperando que nos devuelva una sonrisa,
estamos solos,
esperando a las damitas de corazón tierno,
estamos solos,
silbando palabras chiquitas, esperando.
¿Acaso has visto algo grande que no espere?
¡Espera compañero! ¡Espera camarada!
Espera el pasto, el sol, la melodía, la poesía,
espera las palabras, la luna, el carnaval, 
espera la risa, lo bello, la gloria,
espera la voz de una dama en tu oído,
espera la sonrisa de los niños en la puerta de tu casa.
Espera.
Pronto dormirá el Laissez faire et laissez passer,
y el mundo no andará sólo, 
andará con nosotros,
y nosotros con él.

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