No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



lunes, 9 de julio de 2012

Alicia, los balcones, las ventanas y los pájaros. Desarrollo colombínico.


Alicia, asomada a la ventana, se cree parte. Se descubre en los valles escondidos. Ve sombras cuando el sol está marcando el mediodía, flores en las hojas otoñadas de los sauces, y resabios marrones y aplastados en las flores del jacarandá. La acusarán de neutra, de incapaz de tomar posiciones.
El mundo funciona así; dando vueltas para centrifugarte, confundirte y dejarte de un lado o del otro. Y uno tan inocente, tan niño, que cree que ha elegido, y lo único digno que puede hacer es defenderse.
Alicia se asoma y ve pájaros. Pájaros en los cables, en los árboles. Callados. Amordazados. Nada más triste que un pájaro amordazado. Los pájaros fueron los primeros músicos de este mundo cuando todavía la música era la simple combinación de sonidos y no la amalgama de fragmentos pasados que luego confundimos con tanta onomatopeya, con tanta industria, que nos convencieron de otra cosa.
Pensá con música Alicia. Pensá. No te limites a las palabras o las imágenes. Hubo tiempos de pájaros más vivaces, más alegres. Hoy andan con la rabia agarrotada, tiempos de pájaros guerreros. Hoy es tiempo de pájaros que cantan bajo, pero cantan.
Sospecho actitudes crípticas, terroristas y simbólicas. Sospecho que los pájaros están interpretando una sinfonía, cada cual por su lado, solo falta aquel que las dirija, que las haga sonar al unísono.
Y sin embargo, Alicia se apoya en la ventana con un tanto de miedo. Miedo a que la música se acabe. Hoy más que nunca: no escuches a tus miedos, Alicia, escucha a los pájaros.
Ellos no solo cantan, también hablan. La dinámica del chisme. ¿Te lo contó un pájarito? Al fin y al cabo, un chisme es un recuerdo hecho historia, hecho cuento, literatura mundana.
¿Necesita este mundo más personas que interpreten a los pajaritos? ¿O solo menos gente que los utilicen como escudos? Lo que cuento también forma parte del recuerdo, en algún lado, en cierto tiempo. No he decidido si hacer cargo a los pájaros es cobardía, o forma parte de una estrategia de ahorcar un realismo que solo termina entristeciéndonos frente a un ventana cerrada un día de invierno con el frío queriéndose meter por las hendijas.
Entregarse al realismo es dejar rengo al niño que empuja dentro, al que imagina, al que descree de algunas cosas y da fuerzas para creer en otras.
Estás loca Alicia, los pajaritos te hablan. Si algunos escuchasen lo que te dicen, les dirían locos a ellos. Pero lo cierto es que te suena muy coherente. Tan coherente que preferirías el silencio para que no te señalen con el dedo y te persigan. El silencio es lo único que nos defiende cuando nos obligan a decir aquello que se contradice con lo que pensamos.
Alicia comprende: Necesitamos balcones, o al menos ventanas, para ser parte, para asomarnos, pero sobretodo para que la brisa nos cachetee suave en la cara y nos sintamos pájaros. Un balcón es un simulador de pájaro.
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