No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



sábado, 14 de julio de 2012

Las canas.


Todavía no peino canas pero, a veces, el espejo me devuelve una y yo me pongo un poco romanticón (como la mirada de la Condesa d`Haussonville) y las pienso que son como recuerdo por cada uno de los labios de señorita que maleducadamente me dijo que ¡no! ¡no! ¡no! E incluso me amenazó de muerte genital si no quitaba mis labios de ahí. Y yo aquí, tan sin ellas que nunca  pude dedicarles un ¡gracias! Para qué quisiera yo una señorita que me ande diciendo que saque los labios de aquí o de allá, no logro entenderme, como tampoco logró entender para qué quisiera yo una cana como recordatorio. Y entonces, la arrancó con fuerza, tirando seco, sabiendo que luego volverá, como vuelven los recuerdos de las mujeres. De las malas, porque las buenas uno las olvida rápido. Mi abuelo decía: La donna è come un coltello, y a pesar de que tuve que recurrir a un diccionario italiano-castellano, es cierto;  si sirve, te corta y te deja una marca, una cicatriz, y si no sirve, no te deja nada.

Nota: Repasando post antiguos encontré este pequeño texto que formaba parte de un texto largo. Me gustó y lo recorté. Creo que voy a hacerlo más seguido, bajo la etiqueta de "Una vez escribí esto".
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