No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



domingo, 15 de abril de 2012

Preludio a la canción de Alicia y la lluvia.

Hay algo definitivamente malo en salir de tu casa con un paraguas sin lluvia. No puedo explicarlo con claridad. 
No quisiera limitarme a los casos de aquellos que creen en el pronóstico del tiempo como algo certero, ni a quienes son capaces de maldecir al Servicio Meteorológico Nacional ante la sucesión de pronósticos fallidos. A quienes entienden la Climatología como una ciencia que nos debe exactitud y certeza. Y aún así, no me permito bajo ningún motivo desconfiar, o creer que existen meteorólogos dispuestos a confundirnos, a tomarnos el pelo generando paranoia, decretando que estamos a minutos de una nevada feroz.
Sin demasiados fundamentos, me permito una ligera desconfianza hacia quienes planean sus días de acuerdo al pronóstico del tiempo. Hacia quienes no están dispuestos a salir a la calle, sin revisar y dar por cierto lo que la recopilación de datos establece como probabilidad. Incluso sin caer en la posibilidad de aquellos meteorólogos que, víctimas de un mal día, intentan burlarse de nosotros y enfurecernos de miedo ante la posibilidad de un granizo, una nevada o una tormenta eléctrica. Yo pienso que nos hace falta un temporal de cuando en cuando.
No emitiría opinión acerca de la incomodidad de andar cargando del brazo un paraguas de mango curvado en un transporte público, como si estuviésemos paseando a una dama del siglo pasado.
Los hombres con paraguas de mango curvado son misteriosos. Nunca se sabe bien, donde termina el hombre y donde empieza el paraguas. Y en el fondo, lo único que los obliga a cargar un paraguas es la necesidad de pasearse con un objeto fálico. La necesidad de una tercera pierna que les sirva de repuesto. Un hombre con paraguas, aumenta de estatura, casi tanto como uno con tiradores, o corbata, o un habano.
Quisiera evadir comentarios acerca de los que utilizan paraguas diminutos, que esconden entre caja toráxica y antebrazo. O de quienes utilizan paraguas de colores. No tengo opinión acerca de ellos. Tal vez lo hagan en un esfuerzo de colorear el mundo. Un hombre se define por su paraguas, o incluso por la falta del mismo.
Si fuese un poco más valiente, utilizaría un paraguas de un color bien chillón. Y en otra parte del mundo, cual espejo, alguien escribiría que desconfía de quien intenta corromper el orden del mundo utilizando un paraguas de color chillón. Porque es lógico que lo que me despierta antipatía o recelo sea defendido por otro. Será que el mundo funciona como espejo, y en algún lugar del mundo, tal vez en Asia, alguien escriba en contra de las pecas. Tal vez, nunca logremos ser, ni tan buenos, ni tan felices, ni tan malos, ni tan desgraciados. Vaya a saber uno, quizás este punto forma parte de algún contrato firmado por Dios y el Diablo.
Dentro de la complejidad de convenciones existentes, se dice que lo que en algunos lados es crisis, en otros es oportunidad. E incluso peor, que hay quienes generan crisis porque se ven beneficiados por esas circunstancias.
Entre la lluvia y el piso (en ese momento encuentro algo raro la frase “bajo la lluvia”) la mayoría somos paraguas. Somos la resistencia a la lluvia, peleando en forma abstraída uno del otro. Cada cual pelea con su paraguas, sin poner atención en el resto. Cada cual se arregla como puede. Un paraguas no se comparte, no al menos con un desconocido.
Así creemos, que esta pelea de paraguas contra la lluvia, en forma separada nos salva. Y lo extraño es que la lluvia se las arregla, se une al viento y cae desde arriba pero también de costado, inclinada, o incluso a veces de abajo.
A pesar de todo lo dicho, pienso que hay algo definitivamente malo en salir de tu casa con un paraguas sin lluvia, pero no puedo explicarlo con claridad.  
Publicar un comentario