No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



viernes, 2 de diciembre de 2011

Ben Linder.

Hemos crecido rodeado de historias de superhéroes. Desde Superman al hombre araña, he-man, la mujer maravilla y otras tantas. Pues claro, ¿qué dificultad puede tener un hombre con superpoderes en defender el bien? Lo difícil ha de ser, ser un tipo simple, anónimo y hacer las cosas bien. O hacer las cosas mejores. Esos son los héroes, los que hacen las cosas mejores.
Con los años, he aprendido a conmoverme con las historias simples, aunque bien contadas. Defiendo el valor de la trama, aun a costas de un desenlace fallido. La importancia de creer en los medios y no en el fin. Dormir tranquilo tiene que ver con eso, con no justificar el fin con los medios. Si el resultado no es el espero, puedo así, seguir intentando. Siempre recuerdo la frase de Samuel Beckett: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better". Algo así, como: “Siempre traté. Siempre fallé. No importa. Trata otra vez. Falla otra vez. Falla mejor”.
La teoría del existencialismo, nos enseña que el hombre, primero existe, luego hace, es por eso que su esencia es posterior a su creación. A diferencia del arte. Donde el artista debe saber la esencia de lo que quiere crear. En el arte, la esencia precede a la existencia. Es por eso, que defiendo el valor de la trama, del camino transitado. La trama, o los medios, deben enaltecer el resultado o el fin.
He sabido de la historia de Ben Linder desde hace poco tiempo, y me ha revolucionado. Esa sensación de querer ser uno de esos que hacen las cosas mejores, aún sin poder definirme si puedo hacer las cosas bien. La historia de Linder, es la historia que nos pone a prueba. Entiendo que conmoverse por ella es un signo de humanidad.
Linder, era un ingeniero mecánico norteamericano. ¿Qué inventó? ¿Cuál fue el aporte que realizo a la ciencia? Ninguno. Creo, no estoy seguro. Linder renunció, se mudó a Managua en 1986, inspirado por la revolución sandinista. Ahí, se instaló en una zona muy pobre, y se unió al equipo que estaba construyendo la represa hidráulica que llevaría electricidad a la zona.
Linder aprovechaba su tiempo libre para entretener a los chicos de la zona. Era payaso y solía montar su monociclo. Él mostró admiración por el pueblo de Nicaragua, y defendió la causa de la revolución, la cual le podía ser naturalmente ajena. Su mayor gratificación fue el sentimiento de trabajar en un país donde el gobierno se ocupaba de toda la gente.
¿Qué lleva a una persona a abandonar su lugar de comodidad y realizar algo tan enormemente simple? Me siento chiquito, demasiado. Pienso, a veces, no hacemos cosas por cansancio, o por malestar. Debiéramos repensarlo.
Linder fue asesinado mientras trabajaba a la represa junto a dos compañeros por los Contras, el ejército opositor al gobierno sandinista el 28 de Abril de 1987. Los Contras, eran financiados por el gobierno del país donde había nacido Ben, Estados Unidos.
El mismo año de su muerte, Sting compuso una canción dedica a Linder. “Fragile”, que luego grabó Mercedes Sosa.
Lamentablemente, me es imposible saber cuantos Linder desconozco, cuantos héroes anónimos andan por este mundo, con cuantos comparto las baldosas o maldigo porque se frenan de golpe frente a un semáforo en amarillo. Me preguntó que posición debería adoptar, ¿suponer en un principio que todos somos como Linder, y tratamos de hacer las cosas bien o incluso mejores? ¿O todo lo contrario?
Claro, lo entiendo, la muerte subraya a los hombres, pareciera que enaltece lo hecho, al punto de que si no hubiese muerto así, ¿quién sería Ben Linder? Un ingeniero, un anónimo, un simple payaso.
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