No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



miércoles, 21 de diciembre de 2011

Dudario.

Tengo dudas. Algunas, muchas.
Dudo de que te des cuenta. Lo dudo con muchazón, o mucheza.
Duda, dudita: de que te leas cuenta. De que sos vos, en esas palabras, porque cada uno guarda su propia visión de las cosas. Es parte de la libertad, dicen. Yo defiendo la subjetividad. Lo objetivo me aburre. Para mí, lo leo claro, debajo de esas letras que ordeno en tanto desorden. Digo ordeno, porque les doy órdenes, porque se me rebelan cuando te escribo. Son letras zurditas. Revoltosas, revolucionarias, guevaristas. Son terroristas. Pues claro, nada más terrorista que solo seas un conjunto de letras que se hace palabra, oración, párrafo y finalmente esto. No estoy tan loco como para andar amando un puñado de letras. Letras que no les ha gustado el orden y ahora prefieren un poco de caos. Porque mucho más fácil sería describirte con una cucharada de adjetivos.
¿Qué hacemos si te lees y pasas por alto? ¿O te imaginas otra cosa? Yo te veo. Y si mi descripción fuese correcta, no podrías más que adivinarte entre este letrario, objetivamente tonto, burdo, pero íntimamente tan lindo.
¿Qué hacemos si te caés entre párrafo y párrafo? ¿Y si te resbalás en el espacio entre palabra y palabra? Mírenme como a un tonto, pero es difícil transmigrar de humano a letra. Y más difícil es aún, armar con letras un humano. Aún más, cuando no he encontrado palabra para definir esas perlas que se te ha dado por colgarte de las orejas. Supongo que las hay. Me he sentado en algún bar, con el asa de la taza de café colgándome del índice derecho, a esperar que me vengan en mente. Les he dado la oportunidad, y no se han presentado.
Yo dudo. Porque puede que esto de escribirte, no sea más que un pretexto para darte la forma que quiero. Para no sentirme con esa sensación aburrida, aburridísima, que amarte podría ser regalarte una docena de flores una vez por año, o esperar que termines de ponerte las perlas en las orejas mientras muevo la pierna, o pasarte a buscar a las nueve y cuarto para ir al cumpleaños de tu hermano, o tener sexo los viernes entre las tandas comerciales de alguna película de canal de cable, o clavarte en la espalda un cartel de propiedad privada.
Yo esperaría un poco más. Sí, lo haría. Para sentirme que tengo un motivo para que te leas. Y que me respondas algo que me de la sensación, aunque sea momentánea, de que amarte es dibujar en una cartulina blanca una cascada de flores amarillas, a veces, porque otras veces es simplemente salir afuera a sentir que el aire es demasiado aire, y otras es quedarnos quietos de pura gana, mientras jugamos a hacernos rulos en los pelos. Y que nos sintamos, tan convergentes que, simplemente, no nos de las ganas de andar por ahí, diciendo que somos tal o cual, o mañana tenemos que.
¡Dudoso! De que vengas a desparramarme por la frente tu esencia, y ese parece-que mío no sea tu “yo-soy”, sino que sea, simplemente el punto de vista del cual partí. La esencia de lo que escribí.
¿Podrá ser tan divergente, aquello que capté en aquel sueño con esta realidad empaquetada, aunque lista para digerir, con la que me intentan hacer tropezar? Tal vez, sea pura reacción al movimiento. La simple evolución contra la inmovilidad del momento capturado.
Dudo. Porque tal vez, sería más fácil si yo te escribiera más simple o vos leyeras mas complicado. O incluso, en lugar de escribirte, simplemente dijera o hiciese. Pero me daría una contractura de esófago, perderme esta sensación, extraña, anudada, compleja, dudaria, de dejarte la posibilidad, tan absurda, difícil de entender, expectante, de que te leas cuenta.
¿Qué para qué la escribo? Para leerla mía, solo eso, y no sentir esa sensación de paranoia absurda y espalda agarrotada.
Los otros, los que aman para tener alguien con quien comer en las noches de invierno, o tener a alguien que les ordene hacer un agujero en la pared para poder colgar un espejo, tal vez no lo entiendan. Yo la escribo cuando se me da la gana, y le pongo todas las pecas que se me vengan a la mente.
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