No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



sábado, 31 de diciembre de 2011

Fin del mundo.

 “Dios no juega a los dados”.
Albert Einstein.
A diferencia de las otras, las impuestas por los humanos, quebradizas y subjetivas, uno no puede contradecir las leyes de la temodinámica. Uno puede andarse por la vida, desnudándose en las esquinas, orinando en las paredes de una comisaría, cruzando con luz roja las avenidas, o levantando las polleras de las damas que pasan, pero no tiene forma alguna de disminuir la entropía del Universo. Incluso sin tener la menor idea de lo que sea.
La entropía es un concepto difícil de entender, difícil de explicar. Intenta definir el desorden molecular de un sistema. De tal forma, que si se varían las condiciones de estado de un sistema cerrado, como el Universo, esto tendrá como resultado un aumento de la entropía del sistema. Un aumento del desorden de las moléculas que lo forman. Eso es lo que nos dice la segunda ley o principio de la termodinámica. Que la entropía de un sistema nunca disminuye, está en constante crecimiento.
Se dice que la entropía del Universo llegará a un máximo, un momento en el que el valor de la entropía no podrá incrementarse más, debido al desorden que alcanzarán las moléculas. En ese momento, nos encontraremos frente a la muerte termodinámica del Universo. Y eso, será tan terrible como suena. El fin del Universo.
Cuando estaba en la universidad, tomaba mis clases de Metalurgia con uno de los ingenieros con mayor capacidad de transmitir conocimientos que he conocido. Era fácil prestarle atención. Hablaba remarcando lo importante, con justeza. Era, también, una de las personas más detestables y despreciables que me he cruzado.
Me acuerdo el terror que me produjo escuchar la frase “la muerte termodinámica del Universo”, con esa dicción lenta y pesada, cargada de inercia de aquel profesor. La duda de cuan lejos podía estar ese momento, y el hecho de darme cuenta que cualquier movimiento, incluso respirar, estaba aumentando la entropía del sistema, fue no menos que inquietante.
En definitiva, poesía pura. Nosotros mismos estamos ayudando a llegar al fin del Universo, viviendo. Mientras más vivamos, más nos acercamos al fin.
Nos fascinan los finales. A nosotros, a todos. Parecieran que todo es una excusa para llegar al final. Nos obsesiona. Se vive pendiente del desenlace. Se entiende. Toda historia va buscando su final. Porque se vive haciendo preguntas, y buscando respuestas, que producen nuevas preguntas, todo con el anhelo, de que un día encontraremos la última respuesta, que no corte ese cadena de incognitas. El final de la discusión. La muerte de la subjetividad.
El fin. En mi corta vida, he escuchado demasiadas veces hablar del fin del mundo, de las profecías, de los jinetes del Apocalipsis y el escándalo de la última oportunidad de arrepentirse de todo.
El otro día, estaba leyendo las etapas que atraviesa un cadáver, y me quede sorprendido. Al experimentar el rigor mortis, el primer músculo que se rigidiza es el corazón.
Ahí, es cuando me di cuenta. Dios es el Poeta. Todo esto, no es más que la obra de Dios. Independientemente de cualquier religión. Es algo más profundo, conceptual. Es un conjunto de manifestaciones de belleza, incluso por contraste. Tiene todos los condimentos, y todos los colores. Tiene momentos sublimes, momentos de una belleza tan angustiantemente bella, que podría destrozar a quien la observe. Imposible echarle la culpa, nos da tiempos para improvisar con aquello del libre albedrío. Ha trazado todos lo detalles.
Y es así, pienso, que el mundo (o al menos nosotros, los humanos) terminará por donde empezó, para mantener la línea poética. Terminará por el Edén. Y de acuerdo a lo que he entendido, se encontraba en el cercano oriente. Muy lejos de mi tierra, nuestra tierra.
Nuestra tierra, América, ha sido relegada de la historia de la humanidad, aunque, tal vez por ser más nueva o sus habitantes no tan negros, no tan rebajadas al nivel de África.
Aquello tan absurdo, como creer que Colón la descubrió, pasando por alto la existencia de los indios, nos da prueba de eso. Tan vulgares y tontos debieron ser aquellos que no pudieron descubrir el suelo que estaban pisando.
Vaya a saber como sería la historia, si los mayas hubiesen descubierto Europa, en lugar de obstinarse en predecir el fin o hacer calendarios. Tal vez, hoy se llamaría Tlalilamatl, Azoclatalan, o Mechoteitlen. Tal vez la raza aria hubiese sufrido una terrible persecución de parte de la raza indígena. Y nos hubiésemos perdido de Sócrates, Platón y Aristóteles. Y Chespirito hubiese ganado un Oscar, palaba que sería pronunciada con la entonación de cualquier palabra aguda. Tal vez, viviríamos sin saber, que la suma de los cuadrados de los catetos es igual a la suma del cuadrado de la hipotenusa. O Borges hubiese sido un erudito de los antiguos escritores aztecas y estaría sepultado en Bolivia o Perú.
Pues no nos quejemos. Yo sostengo aún, que somos parte de la obra, del conjunto de manifestaciones del Poeta Dios.
Sospecho que el fin del mundo, no podrá ser instantáneo. El mundo es una masa muy grande como para darse por terminado de buenas a primeras. Incluso siguiendo la idea del aumento de la entropía, ha de ser gradual. Por otro lado, Dios se ha portado en forma bastante coherente, aun con sus licencias poéticas. Mares abiertos en dos, muertos que resucitan, mujeres vírgenes embarazadas. Confió en que no será un desastre instantáneo. Carecía de rigor poético. En cambio, si podría esperar un final lento y doloroso, durante el cual la humanidad comprenda un montón de cosas. Una moraleja absurda, para nosotros, que perecemos como perecen un fosforo usado. Aunque, tal vez, útil para quien este disfrutando de estas continúas manifestaciones.
En esos momentos, lo comprenderé. Yo confió. Sé. Lo que me esfuerzo en practicar día a día, es en aprender a estar atento, a mirar. A observar. A escuchar. Sé que voy a darme cuenta. Y voy a ser uno de los primeros en enterarme, en advertirlo.
Con los métodos modernos de comunicación que contamos, me resulta fácil pensar que algún árabe va a poner en su twitter o facebook que ha comenzado el fin del mundo. Basta con estar atento.
De esa forma, me he de librar de los atascamientos de las avenidas, y las autopistas. Sólo por estar preparado. Abrir la puerta, y dar gracias al poeta, de que seas tan, pero tan distraída, (tanto como para no leerte cuenta) y hallarte, sin que sospeches que todo lo que nos rodea está en vías de desmundarse.
Así vas. Distraída. Y lo que suena tan absurdo y tonto, casi no me permite entender ciertas cosas, puede ser mi ventaja, en ese momento en que la duda de que el mundo pueda empezar a no ser tan mundo como siempre, se transforme en una certeza fulminante.
Estimados habitantes de esta parte del mundo, América Latina. No vale la pena perseguirse, pero si tener en claro que si el mundo terminase, podríamos estar atentos aquello de “que harías si el mundo terminase mañana”, podemos llegar a aplicarlo. Solo por haber entrado a la historia del mundo por la ventana.
Confiemos en Dios, al menos, por pura conveniencia. Esperemos. Tenemos, luego, toda la eternidad para quejarnos y echarle en cara sus errores. Y recordemos, hasta que no se baje el telón, hay que seguir actuando.
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