No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



martes, 21 de febrero de 2012

Libre albedrío.

Yo me sentaba, triste, a pensar que había alguien que me estaba tratando de frenar. Como aquel ejercicio físico de fuerza, en el cual te agarran de la cintura, y uno tiene que forzar, intentar correr. Que cuando tenía que ser el momento, todo se desvanecía.
Cómo si me hubiese tomado un tiempo, en el pasado, para hundir la mano firme en la arena, y cerrarla. Tan fuerte que habría podido aprisionar la mayor cantidad que me hubiese sido posible. Y ahora, solo era un puñado pequeño, lo que apenas había podido conservar. Y yo miraba ese puño cerrado, sin poder determinar si mi pasado, era lo que había perdido o lo que quedaba ahí; encerrado entre mis dedos y mi palma. Desconociendo, si acaso mi futuro dependía de aquel puñado. O si podía dejarlo de lado, como otras cosas que he dejado, y hacer algo totalmente independiente. Sin conexión a lo que encierra mi puño con fuerza en este momento, aunque lo levantase alto, eclipsando el sol, y dejase a mis ojos un poco de oscuridad, y otro poco de luz, como para confundirme. Para seguir desconociendo si ese puño en alto significaba resistencia, o renuncia. Desconociendo, si debía, aún, apretar el puño, o simplemente abrirlo, para terminar esta historieta de seguir siendo un hombre con un puño en alto, y resignarme, simplemente, a sentarme. 
Porque uno se sienta, cuando las cosas andan; un poco mal, otro para atrás, y se acuerda de Dios, y le pregunta, y le habla. Como si Dios fuese la solución de los problemas. Pero en el fondo, uno termina dándole a Dios, un lugar culposo, de responsable. Y se compara, con otros, y siente que ellos van, andando de la mano de alguien que los ayuda.
Pienso. En algún punto, Dios nos ha de soltar la mano, debe ser cuando nos ve preparados, como para andar por ahí, solos, viendo que pasa.
¿O será que a Dios no le alcanzan las manos para agarrarnos a todos? ¿Será por eso que existe tanto Dios sobre esta tierra? ¿Será por eso, que los indios, o mejor dicho los hindúes, tienen a Visnú? Aquel dios que se separó en tres luego de crearlo todo, y que tiene cuatro manos.
Supongo que debe ser eso que le dicen libre albedrío. Supongo. Le preguntaría a Dios, pero intuyo que me responderá con una metáfora o silencio raro, que no me de certeza, ninguna, como siempre.
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