No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



viernes, 27 de mayo de 2011

El valor de las cosas VI

                                                                         "Es de necios confundir valor y precio" (Antonio Machado).

Como reacción a la escuela de la Economía clásica, surgío el marginalismo, a caballo de Menger, Jevons y Walras, exponiendo la teoría del valor subjetivo, que dice que los consumidores son quienes le dan valor a las cosas, porque son ellos quienes estan dispuestos a intercambiar su dinero por eso. Para que haya un intercambio, el consumidor y el vendedor le dan mayor valor a lo que obtienen que a lo que entregan, si esto no ocurre; no hay transacción.

Las cosas no tienen un valor intrínseco, sino que tienen un valor extrínseco, no objetivo, y existe un conocimiento imperfecto de las cosas. Cada cosa tiene su valor dependiendo de las situaciones en las que estan inmersas.

Un vaso de agua puede tener más valor que un diamante, dependiendo del contexto. Y una moneda de oro, puede no valer nada, si nadie esta dispuesto a intercambiarla. Una milésima de segundo es demasiado para un atleta y despreciable para un promotor de seguros. El valor de un mes no es el mismo para un estudiante que para una madre que dio a luz a un hijo prematuro.

Pues claro, si los besos que otro maldijo, yo los he bendecido y defendido. Y otros que he tratado de vender como oro, no han sido ni aceptados. De la misma forma que Manuel Mandeb dudo que el amor de cierta señorita valiera su alma, debido a su estatura escasa, yo hubiese puesto, simbólicamente, mi cordura sobre la mesa por dominar ese corazón, de esa mujer de escasa estatura. Ese y no otro. El mismo Manuel, estaba dispuesto a hacerse amar por alguien, pero sin dar su alma a cambio. Porque los besos de Laura atrás del puesto del diario valían varios kilos de platino en ese momento, y hoy valen lo que vale un buen recuerdo. La saliva de Mariana tenía un sabor diferente cuando comprendí que las puertas que se cierran de a poco, también dan un portazo.

¿Y las milanesas de mi vieja? ¿Y los zapatos de mi abuela, raspando el piso de la cocina? ¿Y el cielo enorme de Uruguay? ¿Y los aplausos después de cada canción? ¿Y las noches trepado al balcón mirando la medialuna en una espalda? ¿Y los ojos azules? ¿Y una seguidilla de acordes II-V-I? ¿Y el olor de la flor cuando se llega a la cima? ¿Quién les da valor? ¿Quién les pone precio?

Nos la pasamos negociando. Todo el tiempo, el que vive: negocia, el que ama, negocia, el que rie, negocia, el que canta, negocia, el que despierta, negocia. Todo es negociar, con uno mismo o con otro. Porque constantemente le estamos dando valor a las cosas, y lo que hoy vale nada, al otro instante vale el doble: se pague con dinero o con el cuerpo.

Carajo, pues claro, si me he pasado la vida confundiendo valor y precio…la lógica de este mundo es ponerle precio a todo, y mentirte que el precio es la medida justa del valor…si así fuese, cada cual valdría lo que su sueldo…y mi madre se ha pasado tantos años sin trabajar, que no me merece ni un segundo de análisis.

Lo importante es el valor de las cosas, a veces, tienen precio, y ese precio puede estar en correspondencia o no. Pero lo más lindo, lo más bello, lo más inútilmente bello, tiene precio igual a un cero grande como la mano de Niccolino Locche, no me cabe duda.


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