No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



sábado, 21 de mayo de 2011

Galicia

“Miña terra galega es duro estar lejos de ti.
Donde se quejan los pinos y se escuchan alalás
donde la lluvia es arte y Dios se echó a descansar”.
Canción de Siniestro total – Grupo punk.


Cuando uno hace un viaje largo, de esos de invertir 2 años de ahorros, donde visita muchos lugares, por más que piense que va a volver, sabe que no es tan así. Las posibilidades son bajas. Galicia, tiene esa etiqueta para mí pero principalmente me trae el recuerdo de dos cosas muy particulares.

Me acuerdo de estar en un acantilado, mirando un mar enormente hermoso, y Nora, una galleguita muy simpática que hablaba el castellano con una velocidad dulcemente lenta, contándome que allí se dice que luego de hacer el mundo, Dios descansó apoyando la mano en Galicia. Cinco dedos que hicieron cinco rías. Y no hay mayor gratitud ante una historia contada con tanto amor propio, que creerla, mis ojos no podían contradecirla. La espuma sobre las piedras, el sonido del mar, el sol pidiendo permiso en el horizonte para irse, eran el marco perfecto para el cuento más católicamente fanfarrón que escuche.

La ciudad más poblada de Galicia, es Vigo, y entiendo, también la menos linda. Es la ciudad portuaria más importante de la zona. De ahí, guardo el recuerdo de un viejito, secándose con una toalla, mientras su ropa estaba apoyada sobre un banco. Recién salido del mar, con un traje de baño pequeño, lalareando animoso. Esto no sorprendería a nadie, sino fuera porque eran pleno invierno, tal es así, que yo tenía puestos unos calzoncillos largos antisensuales de algodón, abajo del jeans. Cuando lo tuvimos a tiro, Sebastián le preguntó:
-¿Como esta el mar?
-¡Como caldo! El mar esta como un caldo- respondió.
Es el día de hoy, que esta anécdota nos sirve para reírnos una y otra vez, sobre lo mismo, variándolo.

Pienso: Hay lugares que tienen suerte, Dios les dio una mano desde el principio, y sus viejitos no creen en el frío, seguramente porque en el alma tienen un fuego grande, de esos que hablaba Galeano.





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