No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



sábado, 3 de septiembre de 2011

La cara de uno.

¡Ok! Uno tiene la cara que tiene, y poca culpa tiene. Tal vez la genética te pueda explicar, ¿a quién? ¡A vos! De las ojeras en la que descansan tus ojos, o los pelitos que te salen de la nariz, o de la oreja; del culito de vieja que se forma en la pera, o del gancho de percha que te sobresale de la nariz, de las líneas en tu frente. Aunque tal vez las líneas de la frente sean culpa del tiempo, sumado a la persistente respuesta de “poner cara de bull-dog”.
Claro, los surcos que se te forman junto a los ojos, no sirven para guardar nada, y esas ganas de rellenarlos se van evaporando cuando entendés que, en definitiva, quedan peores disfrazados que al natural, porque están llenos de tiempito y noches. Pero ¡no os ofusquéis! Conozco gente que está más arrugada que nosotros, y no los he visto paseándose por las noches de carnavales. Y están arrugados por afuera, como pasas de uva, pero es imposible saber que tan arrugados (o no) están por adentro. Al fin y al cabo, por adentro somos todos iguales, un puñado de órganos vitales, como dos riñones, un hígado, dos pulmones, un corazón y medio cerebro. Y créanme, yo he visto más de una enciclopedia médica, y son todos horribles, todos tienen un aspecto baboso. Incluso, si te ponés a pensar en cuando te comes una vaca, ¿qué es lo más fácil de comer? ¡Lo de afuera! ¡La carne que envuelve los órganos!
Los hombres sensibles se la pasan hablando del corazón, y ¿alguien ha visto un corazón alguna vez? Es feo. No hay que darle vueltas. Es feo como un carburador o un motor. De última estos, si están limpitos, tienen partes brillosas, creo.
A veces, somos sólo mascaritas. Todos. Ponemos cara de pava hirviendo, de canción de eicidici, de monumento a la burocracia, de paralelepípedo, de lengua a la vinagreta, de prohibido estacionar, de silencio, de Ford Falcón, o simplemente de nada. ¿Y qué nos pasa por adentro? Seguro no somos concientes de la cara que le ponemos al mundo, del espasmo facial que le regalamos a una sorpresa o una desgracia. Somos condescendientes con el  dolor y ponemos cara-de-lluvia, o somos amarretes con los colores y ponemos cara de blanco&negro.
Así va uno por el mundo, mintiendo con la cara, para que nadie se de cuenta que lo domina o lo enloquece. Escondiendo los dientes, para negarle propaganda a nuestros dentistas, o hacerles un favor.
La cara de uno es así, la que le tocó, no la que te miente el fotógrafo ni tu tía. Un inventario que consta de boca, nariz, ojos, labios, dientes, frentes y cachetes para simplificar, y el pelo como marco. No se tiene culpa sobre ella, pero se es responsable de la que se pone, ¿se entiende? Si ponés cara de culo, corrés el riesgo de que te refrieguen con papel higiénico.
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