No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



domingo, 12 de junio de 2011

Orgullo.

"Nuestro carácter nos hace meternos en problemas,
pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos".
Esopo.
"Si eres orgulloso conviene que ames la soledad;
los orgullosos siempre se quedan solos".
Amado Nervo

El orgullo sirve para muy pocas cosas.
¿Se ha visto a alguien construir un imperio a base de orgullo?

¿Acaso alguien ha descubierto un continente a mando de orgullo?

¿Se ha contado una historia, de amor, cuyo protagonista conquiste con orgullo?

¿Se ha escrito algún cuento, donde alguna persona de corte al sufrimiento con orgullo?

¿Acaso alguien se ha conmovido con el orgullo?

¿Qué testamento ha legado orgullo?

¿Quién ha olvidado un dolor con orgullo?

El orgullo no se bebe, no se come, no se comparte, no se divide, no se presta. Recítame una poesía donde el orgullo vuele de verso en verso. Te desafío.

Orgullo rima con palabras como: andullo, apabullo, argullo, arrullo, aúllo, bandrullo, bandullo, barullo, capullo, caramullo, cascabullo, chanchullo, chullo, embullo, enjullo, ensullo, garambullo, garapullo, garbullo, garullo, gorullo, grullo, gurullo, hallullo, jallullo, marullo, maúllo, mormullo, mullo, murmullo, orgullo, pegullo, perogrullo, repullo, trullo, turullo, zambullo, zangandullo, zaramullo, zorrullo, zurullo….pues entonces?!??!?!

Yo he visto imperios construidos a base de silencio, de risas, de ladrillos firmes, de amor mesurable, de respeto. Reinos donde el amor es rey y la princesa vive envuelta en felicidad.
He oído de barcos que llegaban a tierras nuevas. De hombres pequeños que daban brazadas enormes.
He vivido, visto y escuchado historias de amantes movidos por palabras suaves y dulces, por fuegos internos, por necesidades físicas, por posturas innegociables.
He leído sobre personas que abandonaron el sufrimiento, gritando, peleando a capa y palabra, rimando frases, cantando en escenarios improvisados.
Yo me he conmovido por ojos bellos como almendras, por zapatillas pequeñas que dan pasos hacia el lacio sobre un cordón, por medias lunas en espaldas, por voces guturales, por flequillos que bajan como un toldo para ojos melancólicos, por párrafos inconexos, por locuras sanas, por abrazos de brazos cortos.
He sabido de testamentos que legaban tierras, casas, saldos, deudas, castillos, relojes, reliquias.
He escuchado de dolores calmados con drogas, alcohol, tiempo, paciencia, hierbas, agujas.

Más nada, nada he visto, leído, escuchado o sentido de historias donde el orgullo hubiera servido para algo realmente valedero. Sólo, para levantar la cabeza, y marchar, con la derrota a cuesta y orgullo…mucho orgullo, en los bolsillos, en la cabeza, en la billetera, en la manos, en los dobleces del pantalón, anudado en la bufanda. Mucho orgullo, para no intentarlo, ¡nunca más! Para comerse el impulso, en trozos enormes que atragantan, que te traban la garganta. Para atentar contra cualquier inteligencia que permita razonar de otra forma.
E irse, solo, sin mirar atrás, haciendo esfuerzo para que no se caiga ni una migaja de orgullo, para no jugar a Hansen y Gretel, dejando rastro, y que nos dejen solos un tiempo, con nuestro orgullo.

¿De qué nos sirve el orgullo? Pues de muy poco, por lo tanto, usémoslo, poco, muy poco.









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