No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



miércoles, 19 de octubre de 2011

Los portadores de pecas VIII : La lección de Alicia.

Alicia se hunde. Se deforma la cara contra el hombro de mamá.

-¿Qué te pasa?- pregunta mamá.

La palabra sale muda. Mamá entiende, un poco. Mamá sabe, cuando no salen las palabras, hay que aprender a escuchar los ojos.

Alicia llora. Llora por el sueño que se hace chiquito y se le mete en el lagrimal, y sale, rueda, como una bolita de nieve bajando por su rostro, y cuando es demasiada tristemente pesada, se despega de su cara y estalla en el piso. Y así se descubre el ruido que tienen las pérdidas.

Alicia llora. Llora porque la inocencia le encandila los ojos. Y no ve. Que mira para allá, que se estira con las pestañas, que se alarga la pupila, y nada.

Alicia llora. Llora porque hay muchas equis, y no es fácil. Llora porque reemplaza y reemplaza; ¿y la solución? No la encuentra. Y apoya el oído al pecho de mamá, a ver si escucha.

Mamá le mira los ojos, y ve: las equis, el sueño, y la inocencia. Le dibuja un remolino en el pelo. Le desordena la cabeza. Fuerte. Porque sabe, si le desordena la cabeza, Alicia piensa de otra forma y la tristeza se termina poniendo patas para arriba y se confunde, se marea y se atonta. Si tiene suerte, se cae. Y así descubriría el ruido de la tristeza cuando se rompe contra el piso.

Harta de llanto, Alicia se levanta y se mira al espejo, y comprende la lección. Por más que llore, que refriegue su cara en el hombro de mamá, por más que las trizas de tristeza no se desparramen en el piso; las lágrimas no borran las pecas. Y mientras haya pecas, habrá sonrisas.

A veces tardan.

5 comentarios:

yoquemebusco dijo...

Ay, no tengo palabras para explicar lo que esto me hace sentir...

¡salú!

Lucía

DemasiadoListas dijo...

yo tampoco tengo palabras para transmitir lo que me causó este post...
Tan hermoso...que bueno haberlo encontrado!

(M)

Silvia Beatriz Giordano© dijo...

Buenas, muy buenas letras. Un poco de idioma "argentino" en un blog literario después de tanta lengua castiza. Te mando mail con una oferta de publicación en antología en linea, si te interesa.
Saludos!

Silvia Beatriz Giordano© dijo...

Estoy con firefox y no me deja ver tus seguidores para incluirme. Cuando entre con chrome me agrego.

neveluz dijo...

que hermoso que hermoso que hermoso