No deseo ser realista, pretendo escribir música pero con palabras, porque los recuerdos suceden con música. Tengo trucos en el bolsillo y cosas bajo la manga, pero no quisiera ser un prestidigitador común. Pese a todo, no he podido determinar, si quiero mostrarles la verdad con la apariencia de la ilusión, o por el contrario, la ilusión con la apariencia de la verdad.....las palabras me preceden, me sobrepasan. Tengo que tener cuidado: sino las cosas se dirán sin que yo las haya dicho. Así como un tapiz está hecho de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir solo uno....mi enredo surge porque una historia está hecha de miles de historias....



domingo, 2 de octubre de 2011

La comunión de pensamiento.

Estoy leyendo.
A veces me es difícil. Leo, y empiezo a pensar en otra cosa. Por influencia o simplemente por distracción.
Empiezo a divagar. Pienso, valga la redundancia, que pensar es abrir puertas. Escribir, es el intento de describir lo que se ve al abrir esa puerta.
Cuando uno escribe, termina por volverse un desgraciado. De debatirse con la angustia de la hoja en blanco, acaba con la angustia de la hoja llena de preguntas.
Es inevitable. Uno escribe con el objeto de ordenar lo que piensa, de organizarlo en pilitas, y no tener que estar improvisando todo el tiempo. Lo cierto es que termina contestando preguntas, con más preguntas.
Las certezas y las respuestas terminan con signos de interrogación.
Caemos en la melancolía, como las hojas en otoño. Es la profundidad de la tristeza que te inunda, porque sentís el reflejo del mundo en tus ojos, y apenas te alcanzan las palabras para decirlo, y para describir lo que  ves, lo que queres cambiar.
Me quedo serio, mirando el libro, perdido. Pensando. Se que voy a escribir algo sobre eso.
Vuelvo a leer, avanzo unos párrafos, y leo:
“Y hasta me pregunto: ¿Y yo mismo? ¿Soy bueno, yo? ¿O soy malo? Me atormentan las dudas sobre mi identidad: dudas muy de nosotros, los escritores, bien lo sé. Para nadie es un misterio que los escritores tenemos el alma condenada al infierno de la angustia incesante: en el centro de ese hervidero, nuevas dudas responden a cada certeza y nuevas preguntas responden a cada pregunta”.
Sonrío, y cierro el libro.
No estamos solos, sólo apartados. Hay comuniones por todos lados. ¿Cómo se celebran las comuniones de pensamientos? 
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